POEMAS DE GUSTAVO ALFONSO BECQUER

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Gustavo Adolfo Bécquer nació en Sevilla el 17 de febrero de 1836, en el número 9 de la calle Ancha de San Lorenzo (actual Conde de Barajas), en una casa que en la actualidad no existe.

Los Bécquer, nobles flamencos, llegaron a Sevilla a finales del siglo XVI para comerciar, y pronto alcanzaron una próspera situación entre las familias sevillanas más altas, con capilla propia en la catedral hispalense. El padre, don José Domínguez Bécquer, pintor de costumbres, se casó con doña Joaquina de la Bastida y Vargas, y de este matrimonio nacieron ocho hijos. Don José tuvo éxito pintando para los ingleses viajeros que compraban entusiasmados sus cuadros costumbristas, lo que le permitió mantener holgadamente a su familia.

¿A qué me lo decís?

¿A qué me lo decís? Lo sé: es mudable, Es altanera y vana y caprichosa; Antes que el sentimiento de su alma, Brotará el agua de la estéril roca.

Sé que en su corazón, nido de sierpes, No hay una fibra que al amor responda; Que es una estatua inanimada, pero ¡Es tan hermosa!

Alguna vez la encuentro por el mundo

Alguna vez la encuentro por el mundo Y pasa junto a mí, Y pasa sonriéndose, y yo digo: ¿Cómo puede reír?

Luego asoma a mi labio otra sonrisa, Máscara del dolor, Y entonces pienso: Acaso ella se ríe Como me río yo.

Asomaba a sus ojos una lágrima

Asomaba a sus ojos una lágrima Y a mi labio una frase de perdón; Habló el orgullo y se enjugo su llanto Y la frase en mis labios expiró.

Yo voy por un camino; ella, por otro; Pero al pensar en nuestro mutuo amor, Yo digo aún, ¿por qué callé aquel día? Y ella dirá, ¿por qué no lloré yo?

Como en un libro abierto

Como en un libro abierto Leo de tus pupilas en el fondo. ¿A qué fingir el labio Risas que desmienten los ojos?

¡Llora! No te avergüences De confesar que me quisiste un poco. ¡Llora! Nadie nos mira. Ya ves, yo soy un hombre y también lloro.

Como se arranca el hierro de una herida

Como se arranca el hierro de una herida Su amor de las entrañas me arranqué, ¡Aunque sentí al hacerlo que la vida Me arrancaba con él!

Del altar que le alcé en el alma mía La voluntad su imagen arrojó, Y la luz de la fe que en ella ardía Ante el ara desierta se apagó.

Aún turbando en la noche el firme empeño Vive en la idea la visión tenaz ¡Cuándo podré dormir con ese sueño En que acaba el soñar

Cuando en la noche te envuelven

Cuando en la noche te envuelven Las alas de tul del sueño Y tus tendidas pestañas Semejan arcos de ébano, Por escuchar los latidos De tu corazón inquieto Y reclinar tu dormida Cabeza sobre mi pecho, Diera, alma mía, Cuanto poseo: ¡La luz, el aire, Y el pensamiento!

Cuando se clavan tus ojos En un invisible objeto Y tus labios ilumina De una sonrisa el reflejo, Por leer sobre tu frente El callado pensamiento Que pasa como la nube Del mar sobre el ancho espejo, Diera, alma mía, Cuanto deseo: ¡La fama, el oro, La gloria, el genio!

Cuando enmudece tu lengua Y se apresura tu aliento Y tus mejillas se encienden Y entornas tus ojos negros, Por ver entre sus pestañas Brillar con húmedo fuego La ardiente chispa que brota Del volcán de los deseos, Diera, alma mía, Por cuanto espero, ¡La fe, el espíritu, La tierra, el ciel

Cuando me lo contaron sentí el frío

Cuando me lo contaron sentí el frío De una hoja de acero en las entrañas, Me apoyé contra el muro, y un instante La conciencia perdí de dónde estaba.

Cayó sobre mi espíritu la noche, En ira y en piedad se anegó el alma. ¡Y entonces comprendí por qué se llora! ¡Y entonces comprendí por qué se mata!

Pasó la nube de dolor, con pena Logré balbucir breves palabras ¿Quién me dio la noticia? Un fiel amigo. Me hacía un gran favor, le di las gracias.

*Cuando volvemos las fugaces horas del pasado a evocar

Cuando volvemos las fugaces horas Del pasado a evocar, Temblando brilla en sus pestañas negras Una lágrima pronta a resbalar.

Y al fin resbala y cae como gota De rocío al pensar Que, cual hoy por ayer, por hoy mañana, Volveremos los dos a suspirar.

Dices que tienes corazón

Dices que tienes corazón, y sólo Lo dices porque sientes sus latidos. Eso no es corazón, es una máquina Que, al compás que se mueve, hace ruido.

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