PABLO NERUDA Y MARIA ANTONIETA HAAGENAR

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Pablo Neruda conoció a María Antonieta Hagenaar en Java. En ese fértil lugar colmado de volcanes, muchos en actividad, se habían descubierto restos fósiles de Homo Erectus, el "hombre de Java", lo cual era indicio de que la isla era la sede de una actividad humana desde hacía ochocientos mil años. Pablo era extranjero entre extranjeros y ya había vivido una violenta experiencia amorosa.

El vivía en la calle Probolingo; estaba en un país cuya lengua ignoraba, de la que sólo llegó a saber una palabra: "tinta", pues igual se dice en malayo y en castellano. María Antonieta, hija de holandeses, residía allí con su familia, nada raro, pues en esa isla los holandeses comenzaron a ejercer su dominio desde 1619. Sin duda, en aquel tiempo, su joven novia le resultó buena compañía para conocer mejor la feraz isla, recrearse con sus mariposas, insectos y pájaros, recorrer las tiendas y deleitarse con los bordados, artesanías y estampados de los batik, es decir, había hallado una amiga de gran ayuda para comunicarse:

"Había conocido una criolla, vale decir holandesa con unas gotas de sangre malaya, que me gustaba mucho. Era una mujer alta y suave, extraña totalmente al mundo de las artes y las letras", dice Neruda en Confieso que he Vivido; a continuación, él mismo cita el párrafo de Margarita Aguirre sobre ese matrimonio suyo, donde su biógrafa afirma:

"Ella está muy orgullosa de ser la esposa de un cónsul y tiene de América una idea bastante exótica. No sabe el español y comienza a aprenderlo, pero no hay duda que no es sólo el idioma lo que no comprende. A pesar de todo, su adhesión sentimental a Neruda es muy fuerte y se los ve siempre juntos. Maruca, así la llama Pablo, es altísima, lenta, hierática".

Extraña la suposición de que a Maruca le hubiera gustado casarse con su esposo porque era cónsul. Triste y gris destino es el de los cónsules (Ivo Andric, Premio Nobel de Literatura, lo pintó muy bien en su novela Sucedió en Bosnia). Resulta que Neruda ganaba ciento sesenta y seis dólares con seis centavos al mes, "que no le llegaban nunca", y al recibir los consulados de Singapur y Batavia se los doblaron a poco más de trescientos: equivalentes al sueldo de "un tercer dependiente de botica", según su propia expresión. Como dice en Para Nacer He Nacido: "Yo sólo fui un cónsul perdido en sus pobrezas". Para Neruda, el consulado no era una carrera sino una modesta beca que le permitía, como beneficiado, tener por un tiempo resuelta la sobrevivencia para dedicarse a su oficio.

Continuará

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This page contains a single entry by ErnestoCastilloTafur published on 23 de Mayo 2011 12:45 AM.

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