Cassatt mostró siempre su predilección por las madonas y los querubines, por la dulzura de sus posturas, sus gestos y la espiritualidad que reflejan en sus rostros.
En la exposición 1879, con los impresionistas, presentó 11 cuadros con los que logró un éxito rotundo, tanto de la crítica como comercialmente. El mismo éxito lo repitió los años siguientes en 1880 y en 1881
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Cuando su madre y su hermana enfermaron Cassatt dejó de pintar para hacerse cargo de ellas. La temprana muerte de su hermana le afectó terriblemente. Logró exponer por última vez con los impresionistas en 1891.
En 1910 Cassatt viajó a Egipto con su hermano Gardner y su familia. La magnificencia del arte visto en Egipto le hizo cuestionarse sobre su propio talento. Lastimosamente al regresar de Egipto su hermano Gardner enfermó gravemente y al poco tiempo murió a causa de una enfermedad adquirida en ese viaje. Esta muerte le afectó tanto física como emocionalmente que no le permitió pintar durante un buen tiempo.
Tres años más tarde ella también caerá enferma con diabetes, dicha enfermedad le afectará la vista que no le permitirá pintar más. Poco a poco la visión de Cassatt fue perdiéndose. Iba disminuyendo hasta que en 1914 dejó de pintar, ya no fue capaz de hacerlo nunca más. Murió casi ciega.
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